Cuando el nacionalismo se convierte en fascismo

fachas

Estamos asistiendo, desde el comienzo del Procés, a una escalada del nacionalismo de banderas e himnos. Los discursos se han tornado patrióticos y hasta han querido ponerle letra al himno nacional. Ayer el flamante nuevo presidente del PP, Pablo Casado, invita a los ciudadanos a colocar la bandera de España en los balcones, coincidiendo con la Fiesta Nacional.

Inés Arrimadas mostraba la bandera española mientras intervenía desde el atril del Parlament, a lo que el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, el siguiente en hablar, le ha replicado con ironía, reivindicando la enseña oficial que preside el hemiciclo,  decir, ya había una banderea española en el hemiciclo. Arrimadas ha acusado a los independentistas de que “sus colegas y sus comandos” queman la bandera española o la descuelgan de edificios públicos

Si tanta gente no se siente española en España, entendemos por pura lógica, que la realidad del país no es como la cuentan. El estado no se encuentra en peligro, lo que está en peligro es el sentido común. Lo normal es hablar este tipo de cosas y buscar soluciones, pero este tipo de cosas no se hablan, solo se esgrimen banderas y pancartas contra el otro.

Los 7 años del gobierno de M.Rajoy no ayudaron en nada a calmar las pasiones, es más, M.Rajoy, no dio soluciones. Un buen ejemplo de ello, lo dijo Aznar, quien indicó que él dejó el gobierno con una derecha unida y ahora se la encuentra partida en tres y compitiendo entre ellas. Esto es una clara alusión a M.Rajoy.

La derecha española nos tiene acostumbrados a su culto al nacionalismo, aunque carece de crítica alguna cuando se trata de su honradez contable.

Del nacionalismo al fascismo

Tantas banderas, tantos discursos patrióticos, ya se ha dado en la historia y sabemos perfectamente el resultado. Tuvimos 40 años de dictadura fascista que dejó una huella profunda en nuestra cultura. A diferencia de otros países, la dictadura fascista no fue destruida, sino que triunfó y sus raíces siguen estando con nosotros. Aún tenemos al tirano descansando en su trono y gente que le admira por sus actos criminales. Si no somos capaces de entender la historia, la repetiremos una y otra vez.

“El fascismo no es una táctica la violencia. Es una idea la unidad. Frente al marxismo, que afirma como dogma la lucha de clases, y frente al liberalismo, que exige como mecánica la lucha de partidos, el fascismo sostiene que hay algo sobre los partidos y sobre las clases, algo de naturaleza permanente, trascendente, suprema: la unidad histórica llamada Patria.” Primo de Rivera.

Frases como estas dan miedo y mucho, pero produce terror que se puedan aplicar.

Umbero Eco, ha dado una de !as mejores definiciones del  pensamiento fascista. Este texto se puede encontrar en el libro Cinco escritos morales.

Las reglas del totalitarismo

1. Culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación recibida en el alba de la historia humana encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas.

2. Rechazo del modernismo. La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el fascismo puede definirse como irracionalismo.

3. Culto de la acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas.

4. Rechazo del pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. Para el fascismo, el desacuerdo es traición.

5. Miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El fascismo es, pues, racista por definición.

6. Llamamiento a las clases medias frustradas. En nuestra época el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría.

7. Nacionalismo y xenofobia. Obsesión por el complot.

8. Envidia y miedo al “enemigo”.

9. Principio de guerra permanente, antipacifismo.

10. Elitismo, desprecio por los débiles.

11. Heroísmo, culto a la muerte.

12. Transferencia de la voluntad de poder a cuestiones sexuales. Machismo, odio al sexo no conformista. Transferencia del sexo al juego de las armas.

13. Populismo cualitativo, oposición a los podridos gobiernos parlamentarios. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la voz del pueblo, podemos percibir olor de fascismo.

14. Neolengua. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality show.

Umberto Eco

 

IberoMagazine

 

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