DERECHO A MORIR, LA EUTANASIA

«Eutanasia» es una bella palabra, con un origen etimológico rotundo: buena muerte; esto significa dar la muerte a una persona que libremente la solicita para liberarse de un sufrimiento que es irreversible y que ella considera intolerable.

Sin embargo, por culpa de los nazis,  esta palabra es para algunas personas una palabra maldita, que nombra el asesinato de miles de seres humanos discapacitados o con trastornos mentales, paralelo al genocidio judío.

La eutanasia y homicidio (o asesinato, si es con alevosía, ensañamiento o por una recompensa) son conceptos incompatibles, porque es imposible que una muerte sea, a la vez, voluntaria y contra la voluntad de una persona.

El concepto de la palabra involuntaria es un oxímoron; si no es voluntaria, quizá sea un homicidio compasivo, pero no una eutanasia.

El derecho a morir dignamente

Confundir la eutanasia con el homicidio es como confundir el amor con la violación, o el regalo con el robo, o lo voluntario con lo forzado.

Divagando sobre los supuestos peligros de una ley de eutanasia, algunos se preguntan: ¿podrían existir formas de coacción más sutiles, por parte de la familia o de cualquier otro, que obligaran a los ancianos y a las personas más vulnerables a solicitar una muerte que no desean?

¿Regular la eutanasia nos podría situar en una pendiente resbaladiza que nos conduciría de forma inevitable al homicidio de personas contra su voluntad?

Ambas preguntas son un tanto enrevesadas, porque sospechan que el médico sea cómplice de homicidio, algo que no encaja en una relación médico-paciente de confianza.

¿De qué forma una ley de del derecho a morir puede convertir a un médico, al que la sociedad confía el cuidado de las personas, en un ser irresponsable o un verdugo?

De ninguna, y por tres razones: la propia naturaleza de la relación médica, los mecanismos de control de la ley y la experiencia de los países que han regulado la eutanasia (especialmente Bélgica y los Países Bajos).

¿Dios quiere que sufras?

La religión cristiana indica que solo Dios puede llevar la vida de las personas, pero esto no podemos imporselo a los demas, incluyo a cristianos, que muy amenudo cambian de opinión ante la idea de verse en una cama sufriendo gratutitamente.

El sufrimiento que pueda ser evitado, el sufrimiento en vano, tan valorado por la iglesia no debe ser impuesto sobre las personas. Las personas tienen el derecho a decidir si desean o no padecerlo.

Iberomagazine

*** Basado enun artículo sobre la eutanasia de la gazeta sanitaria.

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