La progresofobia, la nueva epidemia

«Más que nunca, los ideales de la ciencia, la razón, el humanismo y el progreso necesitan una defensa incondicional»
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La progresofobia tiene cada día más adeptos, la vida para ellos era mejor antes de la democracia aunque la evidencia diga exactamente lo contrario.  Es obvio de que cuando se trata de cambios  poíticos muchas personas no lo vean bien, pero cuando se trata de cambios en la tecnología nos apuntemos casi todos sin muchos recelos. Nuevas carreteras cero problemas, nuevas medicinas o tratamientos, en general nos apuntamos todos.

Más de alguno habrá escuchado eso de que durante la dictadura podíamos dejar las puertas sin llave, que no había crimen, que había trabajo, en general todo era mucho mejor que hoy.  Después de la guerra civil, España fue testigo de un período conocido como los «años del hambre», que se extendería a lo largo de los años de la posguerra (1939-1952). La dictadura echaría la culpa a factores externos, aunque las causas del colapso de las condiciones de vida y el suministro de alimentos en ese tiempo radican en sus políticas autárquica. Que se vivía mejor con Franco que hoy es  un cuento que nos han estado metiendo en la cabeza toda esta gente que sufre de progresofobia.

RELACIONES LABORALES

  En agosto de 1913, se estableció la jornada de 60 horas semanales en la industria textil. Durante la Segunda República se incidió en las mejoras hacia los agricultores y el 21 de noviembre de 1931 “se estipuló un permiso anual retribuido de siete días, con la condición que la duración mínima del contrato fuera anual”. Trabajar en aquella época no era nada amable, las condiciones laborales que tenemos hoy serían todo un lujo.

Las relaciones laborales hasta finales de la década de 1950 fueron generalmente de tipo fascista y autoritario. Los salarios y las condiciones de trabajo se establecían mediante decretos emitidos por el gobierno, y todos los asalariados debían ser miembros del organismo gubernamental, la Organización Sindical Española (Organización Sindical Española – OSE).

No reconocer que el progreso ha cambiado nuestras vidas de forma positiva, que tenemos muchos más derechos que antes y la calidad de evida es muy superior a la anterior es lo que se llama progresofobia.

                 «Una civilización optimista está abierta a la innovación y no la teme, y se basa en las tradiciones de la crítica»

La mujer y la progresofobia

Sin lugar a dudas quien más se ha favorecido por el progreso  ha sido la mujer. El derecho a elegir cuando convertirse en mamá y cuántos hijos desea tener han sido toda una revolución ideológica . El derecho educarse, a definir el futuro que desea tener, el divorcio, el aborto y la independencia económica son elementos que hacen la vida de la mujer más libre. La mujer de antes estaba regida por los caprichos de su marido o sus padres. 

Las mujeres estaban confinadas en gran medida al hogar y no tenían derecho a entrar y salir cuando quisieran. También se les ha privado del derecho a elegir o rechazar cónyuges o poner fin al matrimonio. Si las mujeres podían vestirse como quisieran, también fue un problema durante mucho tiempo. Hoy por hoy la vestimenta de la mujer, aunque aún existe mucha oposición, la puede escoger ella.

Impresiona ver mujeres en la derecha política, que luchan contra el feminismo, ya que sin el feminismo no estaría haciendo política. Califican al feminismo como «radical», cuando feminismo solo hay uno y es igualdad.

Los partidos conservadores son los que llevan la bandera contra el progresismo, en algunos casos llegan a ser hasta reaccionarios en toda regla. Sin embargo se la pasan todo el días hablando de libertad. La libertad de la que ellos hablan es la libertad económica, no la libertad individual; un buen ejemplo es la famosa ley Mordaza que el PP instauró en España, el otro ejemplo es la reforma laboral del PP que dió más  facilidades para despedir y, bajó las indenmizaciones a los trabajadores por despido .

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«El progreso sin humanismo no es progreso»
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